martes, 10 de julio de 2012

Capítulo Vigesimoprimero


Un grito de mujer y mucho ruido le despertaron, cogió su espada y salió de la tienda temiendo lo peor. Trifón estaba luchando contra Ilora y los otros tres hombres observaban el combate atentamente. Amîr no lo podía creer, se dirigió rápidamente hasta ellos con la intención de mediar entre ellos y detener el duelo. Antes de que llegara Ilora alzó la vista y retiró la espada.

-          Buenos días, hombre lobo – saludó ella - ¿Has dormido bien?

Amîr cruzó la mirada con Zoilo, este sonrió con pesadez. Ésta era la fiesta de Ilora, clases de espada al amanecer. Amîr asintió lentamente y ella habló de nuevo.

-          Vuelve a tu tienda y vístete – ordenó ella

Amîr bajó la vista y descubrió su propia desnudez. Había salido de la tienda tan deprisa que había olvidado por completo la ropa. Ella le sonrió con picardía y él lejos de ruborizarse o hacer un amago para cubrirse, se giró y caminó de mala gana hasta la tienda.

Una vez allí observó los ropajes sustraídos al muerto. Con la luz del día estaba seguro de que no iba a caber en ellos. Consiguió meterse a duras penas en la cota de tela con escamas metálicas, pero por más que forcejeó con la armadura, no lograba abrochar la coraza. Ató las tiras como buenamente pudo y salió de la tienda. Ilora le hizo un gesto para que fuera hasta ella. Amîr obedeció y cuando estuvieron frente a frente, ella alzó la espada.

-          Es tu turno, hombre lobo

-          Mi nombre es Amîr, mujer soldado

-          Si tu nombre es ese, tendrás que ganártelo – dijo Ilora haciendo un movimiento de ataque.

Amîr detuvo el ataque con unos reflejos que incluso a él le sorprendieron. Ilora intentó golpearle con gran número de florituras, pero la defensa de Amîr era férrea. Intentó batirle con una balestra, pero Amîr lo contrarrestó con un cruzado. Ilora se retiró dando un paso hacia atrás dejando espacio a Amîr para el ataque. Este no se hizo esperar, alzó su espada dando un latigazo destinado brazo de Ilora, pero ella logró esquivarlo y apartó a Amîr presionando su hoja contra la de él.

El combate se alargó con innumerables ataques y esquives, pero ninguno de los dos lograba batir a su adversario. Amîr sintió como la tela de la cota se desgarraba para ceder a los bruscos movimientos a los que él las sometía, las corduras de la coraza se desataron y Amîr se la arrancó de un manotazo y la arrojó al suelo con rabia sin apartar la mirada de Ilora. Tres de los hombres observaban el duelo ensimismados, mientras que el cuarto, Trifón refunfuñaba por lo bajo. Tras lo que parecía una eternidad, ambos empezaban a respirar con dificultad, a acusar el cansancio, pero ninguno estaba dispuesto a rendirse o deponer las armas.

Finalmente, con un grácil movimiento Ilora desarmó a Amîr haciendo que la espada cayera al suelo. Ella le miró con satisfacción aproximando su espada al pecho de Amîr con aire victorioso.
Sin embargo, Amîr no estaba dispuesto a dejarse abatir por aquella mujer y su prepotencia, apartó la espada con el brazo cortándose al hacerlo y se abalanzó sobre ella cogiéndola totalmente por sorpresa. Inmovilizó su brazo derecho con una sola mano y el peso de su propio cuerpo y con la otra la agarró del cuello.

-          Ríndete soldado – ordenó Amîr entre dientes

-          Antes muerta – contestó ella.

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