Amîr sintió una presión de algo
parecido a alegría en el pecho y decidió que era el momento de salir de su
escondite y acercarse a aquellos hombres que podían ayudarle a encontrar a
Hagné y de paso a matar a Evander. Amîr odiaba a los tres hermanos, pero
especialmente a Evander. Nunca le perdonaría lo que hizo con su madre.
Los cuatro soldados permanecían
sentados en torno a la hoguera, bebían en silencio pensando en las palabras del
rechoncho Trifón. Amîr estudió sus caras, el que llamaban Zoilo parecía el más
joven de los cuatro, era de estatura normal aunque de constitución atlética, su
aspecto era triste y su mirada se perdía en el fuego. Trifón era sin duda el
más viejo, parecía un gruñón de rostro arrugado y barba cana, era un hombre
pequeño, pero junto a él descansaba una gran espada, por lo que Amîr supuso que
era un guerrero. El tercer soldado, Tâleb, tenía aspecto de ser el más cauto
del grupo, el más comedido y el más sabio, pero tenía el cuerpo de un luchador,
era alto y musculoso aunque no tan grande como Amîr. Y el último, el
larguirucho parecía el más burlón, se notaba que disfrutaba haciendo reír a sus
compañeros y su constitución desgarbada distaba mucho de la de un soldado
acostumbrado a empuñar una espada.
Mientras todos contemplaban el
fuego, excepto el último que miraba de uno a otro a sus compañeros buscando la
forma de romper aquel silencio. Amîr se cubrió con el pellejo, se irguió estirando
los músculos y se dispuso a presentarse ante ellos con la espada escondida colocada
entre los pliegues del pellejo, preparada para ser desenfundada rápidamente por
si la situación se complicaba.
Salió de su escondite en
silencio, moviéndose con cautela para no alertar a los soldados antes de lo
previsto. Quería pillarles por sorpresa para que le dieran tiempo a explicarse
antes de acabar siendo el blanco de sus espadas.
Llegó por fin al último árbol que
le serviría de tapadera y apoyado contra su tronco con los ojos cerrados
respiró hondo varias veces. Notaba el corazón palpitar en las sienes, y la
sangre bombeando en sus músculos. Era consciente de que lo que estaba a punto
de hacer podía ser una gran idea o la peor y la última idea que tuviera. Abrió los
ojos y giró sobre la corteza del árbol caminando lentamente hacia la hoguera.
Trifón fue el primero en verlo,
con dificultades logró ponerse en pie sin articular palabra y empuñó su espada
dirigiéndola hacia Amîr, que aún se encontraba a unos pasos de distancia. Sus
compañeros siguieron con la mirada la dirección que apuntaba la espada de
Trifón y se levantaron inmediatamente imitando a su compañero.
Amîr se detuvo, cuatro hombres
sorprendidos y furiosos le apuntaban con sus espadas afiladas. Les miró uno a
uno a los ojos, Trifón quería matarlo, Zoilo permanecía neutro, el delgaducho
tenía miedo, lo transmitía en su mirada y le temblaba la espada entre los dedos,
Tâleb, sin embargo, estaba expectante, no parecía dispuesto a atacar a no ser que
fuera necesario, y fue el primero en hablar.
-
¿Quién eres tú y qué buscas aquí? – preguntó
-
Mi nombre es Amîr Haim – dijo Amîr con voz firme
– y os he estado escuchando
El larguirucho miró nervioso hacia
los lados, Zoilo dio un paso hacia adelante amenazante y habló
-
¿Osas espiar a los soldados del rey Evander?
Amîr, confuso, sacó la espada y retrasó
el pie izquierdo preparándose para el ataque.
-
No me pareció que fuerais muy leales a vuestro rey
Evander – respondió doblando ligeramente las rodillas y levantando la mano izquierda
mientras les apuntaba con la espada.
Trifón soltó un grito furioso y corrió
hacia Amîr con la espada en alto sujeta con las dos manos, dispuesto a matarle,
desmembrarle o al menos herirle.
-
¡Basta! – ordenó una voz desde el interior de una
de las tiendas
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