miércoles, 4 de julio de 2012

Capítulo Decimoquinto


Trifón se detuvo cerca del intruso mirándole con odio y desafiante y preparado para matarle ante cualquier movimiento falso del hombre.

Una mujer vestida de guerrero salió de la tienda, caminó lentamente hacia el grupo de hombres con la mano derecha reposando en su cadera sobre la empuñadura de su espada. Examinó a Amîr atentamente, y ordenó:

-          Dejad que el hombre lobo se explique

-          Pero,  Ilora – se quejó Trifón – este hombre nos ha estado espiando

Ilora le dedicó una mirada cortante a Trifón e hizo un gesto de que bajara la espada. A regañadientes el rechoncho soldado obedeció. Y el resto le imitaron. La mujer se dirigió de nuevo a Amîr

-          ¿Qué buscas aquí, forastero?

Amîr observó a la mujer ensimismado, con aquella armadura parecía un muchacho, pero era alta, más alta que cualquier mujer que hubiera conocido, y desde luego era fuerte. Tenía los brazos de un guerrero y un semblante duro y frío como el hielo.

-          Voy de camino a Maoraz, señora – afirmó Amîr

-          ¿Y qué buscas tú en Maoraz? – preguntó ella con mordacidad

-          El rey Evander se llevó algo que me pertenece y quiero que me lo devuelva

Ilora estalló en carcajadas y sacó su espada acercándose un poco más a Amîr, quien retrocedió sin bajar en ningún momento la espada

-          ¿Tú solo? – preguntó ella mirando alrededor

-          Sí, señora

-          ¿Y crees que el gran Rey Evander te devolverá lo que es tuyo sólo porque tú se lo pidas?

-          No, señora – respondió Amîr arrepintiéndose de su decisión de aproximarse al grupo y asumiendo que podía morir

-          ¿Y qué harás si no te lo da? – quiso saber ella aproximándose aún más.

-          Lo mataré, señora, a él y a cualquiera que intente detenerme – afirmó mientras intentaba definir un plan de ataque de urgencia que le dejara alguna posibilidad de sobrevivir ante aquellas cinco personas.

-          ¿Tú? – se burló Ilora - ¿Un cazador harapiento?

-          Yo mismo, señora

-          ¿Y cómo piensas acercarte a él?

Amîr dudó unos instantes, no había perfeccionado aún aquella parte del plan, de hecho, no había planeado nada aparte de llegar a Maoraz. Ilora advirtió las dudas en su mirada y se rió de nuevo. Amîr no soportaba que aquella mujer arrogante vestida de hombre se burlara de él. Sabía que no le permitirían salir de allí con vida a no ser que él les matara antes. La mujer era una especie de líder para ellos, la obedecían, quizá si lograba matarla los demás se rindieran. Sin mediar palabra se decidió a atacarla, la mujer paró el golpe con maestría, Amîr intentó un ataque al fierro, pero Ilora se defendió con una maniobra contraofensiva y golpeó la espada de Amîr en señal de batimiento.

Amîr estaba descolocado ante la destreza de la mujer guerrero, e intentó sorprenderla con una estocada, pero ella hizo un esquive y con una ágil finta situó el filo se su espada en el cuello de Amîr.

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