lunes, 2 de julio de 2012

Capítulo Décimo


El tierno beso dio paso a las caricias y a la pasión, ella le mordió el labio y el cuello con picardía y él la alzó en brazos besándola y se tumbó sobre ella con delicadeza. Le parecía tan frágil y pequeña entre sus grandes brazos, que necesitaba protegerla incluso de él mismo, sin embargo la deseaba ardientemente y de un fuerte tirón rasgó las vestiduras de la joven dejando sus blancos pechos semidescubiertos. Empezó a besarla con dulzura mientras sus manos recorrían ansiosas su cuerpo, y ella gemía nerviosa bajo él jugueteando con su pelo.

De pronto Amîr oyó unas voces y se levantó alerta.

-          ¿Qué ocurre, amor? – preguntó ella

-          ¿No has oído eso? – dijo él haciéndola una señal de silencio

-          No he oído nada, amor. Vuelve aquí conmigo – suplicó Hagné

Amîr observó a la muchacha tendida en el suelo semidesnuda junto al agua y bañada por la luz tenue y anaranjada de la mañana, era hermosa y delicada. Deseaba con todas sus fuerzas poseerla en aquel mismo instante, pero sabía que había oído algo en el bosque y había vivido demasiado tiempo en el bosque como para ignorarlo, más aún sabiendo que había guardias. Se levantó rápidamente colocándose la ropa. Mientras Hagné se incorporaba y le observaba sin comprender nada.

-          Tenemos que irnos, chiquilla – ordenó Amîr – cogiéndola de la mano y levantándola.

Caminó unos pasos, hacia las rocas para recoger sus cosas, y al volver la vista atrás vio a Hagné quieta junto al lago.

-          ¡Vamos! – se impacientó él - ¡Tenemos que irnos, Hagné!

-          Yo no puedo – respondió ella

Amîr la miró perplejo, y se acercó a ella

-          No digas tonterías, Hagné. Hay guardias, tenemos que irnos – dijo él tendiéndole la mano.

-          Yo no puedo irme de aquí – sentenció la joven – si me voy, desapareceré. Moriré

-          ¿De qué estás hablando? – preguntó él

-          Quédate aquí conmigo, Amîr – suplicó ella asiéndole las manos – pronto será de día

Amîr la miró atentamente negando con la cabeza, la cogió entre sus brazos y se dispuso a llevársela a la fuerza. Ella intentaba zafarse de él sin éxito, pataleando y golpeando el pecho de Amîr repitiendo una y otra vez “suéltame”. Apenas hubo caminado quince pasos cuando ella soltó un grito fuerte y desgarrador que hizo a Amîr caer al suelo liberando a la chica. La joven comenzó a convulsionarse y a mirar a Amîr con profunda ira, se arrastró torpemente hasta el agua mientras Amîr la seguía con la mirada, sin lograr entender qué pasaba.

Hagné por fin alcanzó la orilla del lago y se levantó lentamente girándose para mirar a Amîr quien seguía contemplándola incapaz de hacer nada.

-          ¿No podías quedarte conmigo y ser feliz? – preguntó ella con la voz ronca - ¿Acaso no soy yo lo que buscabas?

Dicho esto se dejó caer de espaldas y tras flotar unos instantes comenzó a hundirse en el agua. Amîr corrió hacia ella para salvarla, pero cuando llegó a la orilla y observó el cuerpo que se hundía en el agua se detuvo.

-          Salama… - susurró 

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