El tierno beso dio paso a las caricias y a la pasión, ella
le mordió el labio y el cuello con picardía y él la alzó en brazos besándola y
se tumbó sobre ella con delicadeza. Le parecía tan frágil y pequeña entre sus
grandes brazos, que necesitaba protegerla incluso de él mismo, sin embargo la
deseaba ardientemente y de un fuerte tirón rasgó las vestiduras de la joven
dejando sus blancos pechos semidescubiertos. Empezó a besarla con dulzura
mientras sus manos recorrían ansiosas su cuerpo, y ella gemía nerviosa bajo él
jugueteando con su pelo.
De pronto Amîr oyó unas voces y se levantó alerta.
-
¿Qué ocurre, amor? – preguntó ella
-
¿No has oído eso? – dijo él haciéndola una señal
de silencio
-
No he oído nada, amor. Vuelve aquí conmigo –
suplicó Hagné
Amîr observó a la muchacha tendida en el suelo semidesnuda
junto al agua y bañada por la luz tenue y anaranjada de la mañana, era hermosa
y delicada. Deseaba con todas sus fuerzas poseerla en aquel mismo instante,
pero sabía que había oído algo en el bosque y había vivido demasiado tiempo en
el bosque como para ignorarlo, más aún sabiendo que había guardias. Se levantó
rápidamente colocándose la ropa. Mientras Hagné se incorporaba y le observaba
sin comprender nada.
-
Tenemos que irnos, chiquilla – ordenó Amîr –
cogiéndola de la mano y levantándola.
Caminó unos pasos, hacia las rocas para recoger sus cosas, y
al volver la vista atrás vio a Hagné quieta junto al lago.
-
¡Vamos! – se impacientó él - ¡Tenemos que irnos,
Hagné!
-
Yo no puedo – respondió ella
Amîr la miró perplejo, y se acercó a ella
-
No digas tonterías, Hagné. Hay guardias, tenemos
que irnos – dijo él tendiéndole la mano.
-
Yo no puedo irme de aquí – sentenció la joven –
si me voy, desapareceré. Moriré
-
¿De qué estás hablando? – preguntó él
-
Quédate aquí conmigo, Amîr – suplicó ella
asiéndole las manos – pronto será de día
Amîr la miró atentamente negando con la cabeza, la cogió
entre sus brazos y se dispuso a llevársela a la fuerza. Ella intentaba zafarse
de él sin éxito, pataleando y golpeando el pecho de Amîr repitiendo una y otra
vez “suéltame”. Apenas hubo caminado quince pasos cuando ella soltó un grito
fuerte y desgarrador que hizo a Amîr caer al suelo liberando a la chica. La
joven comenzó a convulsionarse y a mirar a Amîr con profunda ira, se arrastró
torpemente hasta el agua mientras Amîr la seguía con la mirada, sin lograr
entender qué pasaba.
Hagné por fin alcanzó la orilla del lago y se levantó
lentamente girándose para mirar a Amîr quien seguía contemplándola incapaz de
hacer nada.
-
¿No podías quedarte conmigo y ser feliz? –
preguntó ella con la voz ronca - ¿Acaso no soy yo lo que buscabas?
Dicho esto se dejó caer de espaldas y tras flotar unos
instantes comenzó a hundirse en el agua. Amîr corrió hacia ella para salvarla,
pero cuando llegó a la orilla y observó el cuerpo que se hundía en el agua se
detuvo.
-
Salama… - susurró
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