Miró al lago con recelo y decidió
continuar su camino un poco más alejado del agua. Era consciente de que lo
vivido la anterior noche no era más que un cruel sueño, pero las sensaciones
que habían aflorado en él eran muy reales.
La caminata era cuanto menos
complicada, el peso del macuto y de la espada toscamente forjada hacían que sus
fuerzas se agotaran con cada paso que daba. De vez en cuando oía las voces de
algún soldado que patrullaba y se escondía entre los árboles esperando el
ataque, aunque finalmente nunca les tendía la emboscada, recordaba el fantasma
del soldado muerto y permanecía inmóvil en su escondrijo preparado para la
defensa.
Pasó tres días caminando entre
los árboles, orientándose con el sol y las estrellas. El calor del último día
le había obligado a caminar de noche, y cada vez encontraba patrullas con más
frecuencia y más numerosas.
Cada paso que daba le acercaba a
Maoraz, pero cada día que pasaba estaba más lejos de encontrar a Hagné y
rescatarla.
En el quinto día de su búsqueda
descubrió un pequeño campamento de las tropas de Evander, no habría más de diez
o doce soldados acampados a juzgar por el número y el tamaño de las tiendas, y
parecían estar relajados. Amîr Haim pensó que tal vez doce hombres fueran
demasiados, y que podría ser descubierto con facilidad y aniquilado y sin
embargo sentía la necesidad de quedarse y espiarlos.
Esperó pacientemente a que cayera
la noche y se fue acercando lentamente mientras los soldados se afanaban en
encender un fuego. Mantenían un ambiente distendido y amistoso, y Amîr,
sorprendido ante tal actitud escuchó sus conversaciones atentamente.
-
Dicen que Reuven está embrujando a Evander para
arrebatarle el trono, como él hizo con su madre – dijo un soldado rechoncho que
bebía algún tipo de licor a grandes tragos.
-
Eso son habladurías, la reina Ramy sigue
viviendo en castillo, son muchos los que la han visto – respondió otro soldado
larguirucho y delgado con un gesto de desdén
-
¿Y qué me decís del joven Kristjan? – preguntó
un tercero entre carcajadas – El príncipe rebelde
-
Yo he oído que Kristjan no está interesado en
las mujeres, digamos que prefiere… la compañía de sus semejantes – confesó el
cuarto alargando el brazo para coger el licor del primero.
-
¡Anda ya, Zoilo! – exclamó el segundo poniéndose
muy serio – El príncipe Kristjan no es un sodomita.
Amîr contempló la espada de
Áureo, estaba convencido de que si conseguía distraerlos un momento sería capaz
de atacar con ella los cuerpos de aquellos soldados hasta darles muerte. Sólo
había cuatro soldados a la vista, una tercera parte de lo que él había
calculado, con un poco de suerte para cuando los otros llegasen, éstos se
habrían desangrado. El soldado flaco y alto habló de nuevo
-
No es que no le gusten las mujeres – afirmó
-
¿Ah no? – preguntó el regordete con tono burlón
-
No, mi querido Trifón, no lo es – sentenció
endureciendo el semblante – es que no le gustan las mujeres que le pasan sus
hermanos – concluyó el soldado provocando las risas de sus compañeros.
No hay comentarios:
Publicar un comentario