Un grito de mujer y mucho ruido
le despertaron, cogió su espada y salió de la tienda temiendo lo peor. Trifón
estaba luchando contra Ilora y los otros tres hombres observaban el combate
atentamente. Amîr no lo podía creer, se dirigió rápidamente hasta ellos con la
intención de mediar entre ellos y detener el duelo. Antes de que llegara Ilora
alzó la vista y retiró la espada.
-
Buenos días, hombre lobo – saludó ella - ¿Has
dormido bien?
Amîr cruzó la mirada con Zoilo,
este sonrió con pesadez. Ésta era la fiesta de Ilora, clases de espada al
amanecer. Amîr asintió lentamente y ella habló de nuevo.
-
Vuelve a tu tienda y vístete – ordenó ella
Amîr bajó la vista y descubrió su
propia desnudez. Había salido de la tienda tan deprisa que había olvidado por
completo la ropa. Ella le sonrió con picardía y él lejos de ruborizarse o hacer
un amago para cubrirse, se giró y caminó de mala gana hasta la tienda.
Una vez allí observó los ropajes
sustraídos al muerto. Con la luz del día estaba seguro de que no iba a caber en
ellos. Consiguió meterse a duras penas en la cota de tela con escamas
metálicas, pero por más que forcejeó con la armadura, no lograba abrochar la
coraza. Ató las tiras como buenamente pudo y salió de la tienda. Ilora le hizo
un gesto para que fuera hasta ella. Amîr obedeció y cuando estuvieron frente a
frente, ella alzó la espada.
-
Es tu turno, hombre lobo
-
Mi nombre es Amîr, mujer soldado
-
Si tu nombre es ese, tendrás que ganártelo –
dijo Ilora haciendo un movimiento de ataque.
Amîr detuvo el ataque con unos
reflejos que incluso a él le sorprendieron. Ilora intentó golpearle con gran
número de florituras, pero la defensa de Amîr era férrea. Intentó batirle con
una balestra, pero Amîr lo contrarrestó con un cruzado. Ilora se retiró dando
un paso hacia atrás dejando espacio a Amîr para el ataque. Este no se hizo
esperar, alzó su espada dando un latigazo destinado brazo de Ilora, pero ella
logró esquivarlo y apartó a Amîr presionando su hoja contra la de él.
El combate se alargó con
innumerables ataques y esquives, pero ninguno de los dos lograba batir a su
adversario. Amîr sintió como la tela de la cota se desgarraba para ceder a los
bruscos movimientos a los que él las sometía, las corduras de la coraza se
desataron y Amîr se la arrancó de un manotazo y la arrojó al suelo con rabia
sin apartar la mirada de Ilora. Tres de los hombres observaban el duelo
ensimismados, mientras que el cuarto, Trifón refunfuñaba por lo bajo. Tras lo
que parecía una eternidad, ambos empezaban a respirar con dificultad, a acusar
el cansancio, pero ninguno estaba dispuesto a rendirse o deponer las armas.
Finalmente, con un grácil
movimiento Ilora desarmó a Amîr haciendo que la espada cayera al suelo. Ella le
miró con satisfacción aproximando su espada al pecho de Amîr con aire
victorioso.
Sin embargo, Amîr no estaba
dispuesto a dejarse abatir por aquella mujer y su prepotencia, apartó la espada
con el brazo cortándose al hacerlo y se abalanzó sobre ella cogiéndola
totalmente por sorpresa. Inmovilizó su brazo derecho con una sola mano y el peso
de su propio cuerpo y con la otra la agarró del cuello.
-
Ríndete soldado – ordenó Amîr entre dientes
-
Antes muerta – contestó ella.