Desde pequeño Amîr Haim había tenido que luchar contra el
miedo. Sus padres habían muerto en la batalla contra el príncipe Evander y sus
hermanos, los infantes Reuven y Kristjan,
cuando Amîr tenía 8 años.
El príncipe Evander era el primogénito de la familia y había
decidido extender los dominios de su madre, la reina Ramy para que ella le
cediera la corona. Evander era ambicioso y un gran estratega, y aunque prefería
evitar los enfrentamientos violentos, era el soldado más sangriento en la
batalla. Las gentes de las comarcas circundantes vivían atemorizadas ante una
posible invasión del príncipe Evander, sin embargo, a modo de buena voluntad el
día que arrasó el pequeño poblado de Amîr, permitió vivir a todo aquel que se
arrodillara y le rindiera pleitesía. Desde entonces, muchos eran los pueblos y
ciudades que se habían rendido a él antes de su llegada para evitar la guerra.
Los padres de Amîr habían educado a sus cuatro hijos según
sus valores y creencias, donde lo más importante era la libertad, la cultura y
por supuesto la familia. Siempre habían estado en contra de la guerra, pero
cuando las primeras batallas estallaron, pese a su avanzada edad, los padres de
Amîr decidieron que debían unirse al grupo de insurgentes para combatir a las milicias de los príncipes con
la estrategia de guerrillas.
Los hermanos de Amîr, mucho mayores que él, hacía tiempo que
no vivían en la casa familiar, todos ellos se habían casado y tenían sus
propias familias. Al verse amenazados, volvieron a la casa familiar y decidieron formar parte de la guerrilla. El día de la batalla, algunos de los
insurgentes fueron capturados y como ninguno se rindió ante el príncipe
Evander, fueron ejecutados y exhibidos
por el poblado a fin de atemorizar al resto.
Amîr presa del pánico a ver a su madre muerta atada a unos
palos y expuesta, huyó hacia los bosques cercanos. Pasó varios días llorando
acurrucado en el interior de un tronco hueco. Había tenido que aprender a
valerse por sí solo, a cazar y a defenderse.
Con el paso de los años, Amîr Haim se había hecho un joven grande
y fuerte, vivía a medio camino entre el bosque y un pequeño pueblo alejado de
los dominios de Evander. Había llegado allí a los 16 y pronto había decidido
establecerse en los alrededores. Al principio los otros jóvenes le miraban con
recelo, Amîr no se parecía a ninguno de ellos, era más grande y más fuerte que
cualquiera de su edad, y era un solitario. Eso cambió un día cuando al regresar
al mercado para vender sus presas de caza descubrió a Hagné, la hija de los
sanadores, era una chiquilla alegre y alocada y Amîr no pudo evitar sentirse
atraído por ella.
Por desgracia para Amîr, la muchacha estaba prometida con el
hijo del herrero, Áureo, un joven esbelto y despistado que disfrutaba
fanfarroneando por el pueblo. Hagné, por su parte, también se sintió
inmediatamente atraída por el joven Amîr. Él era distinto a todos, pasaba la
mayor parte del tiempo en soledad, en su cabaña o de caza, y Hagné disfrutaba
de su presencia, aunque fuera silenciosa. Ella era algo más joven que él y
siempre intentaba seducirle torpemente sin saber que él ya estaba prendado de
ella.
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