Oyó los cascos de los caballos y
un sonido de arrastre tremendamente molesto. Aún sentía un fuerte dolor en
varias partes de su cuerpo y se sentía aletargado. Iba a abrir los ojos cuando
oyó dos voces que le resultaban familiares y decidió escuchar lo que decían.
-
No está listo para viajar, si seguimos así
morirá. Está perdiendo mucha sangre – decía una grave voz masculina.
-
No podemos arriesgarnos a permanecer aquí por
más tiempo. Y su herida está taponada. Hoy eran 4 soldados, mañana podrían ser
más y no estáis listos – respondió una voz de mujer.
-
Sí estamos listos, hija – discrepaba el hombre
-
Sin sentimentalismos, viejo – sentenció ella –
No estáis listos. Ya viste lo que pasó con Euva y con el lobo.
-
Pero… - refunfuñó él.
-
Creo que está despierto – interrumpió Ilora.
Amîr se resistió a abrir los
ojos, pero sintió como los caballos se detenían suavemente y unas manos frías y
pequeñas tocaban la zona dolorida. Parpadeó con fuerza y vio las siluetas de
Trifón e Ilora junto a él. Intentó levantarse pero los músculos se resistían a
obedecerle. La mano de Ilora le sujetó con firmeza contra la superficie.
-
Ni lo intentes hombre lobo – ella desenvolvió
ligeramente el vendaje y añadió – esto te va a doler
Un sonido gutural más parecido a
un aullido animal que a un grito humano salió de la garganta de Amîr que volvió
a desplomarse sin sentido sobre las tablas.
Horas después volvió a despertar,
estaban detenidos y sentía un frío atroz, mucha sed y una sensación de
confusión embotaba su cerebro. Vio una silueta femenina acercarse a él y
sonrió, era Hagné, por fin había llegado hasta ella. No estaba seguro de cómo,
pero sin duda era ella.
Cuando llegó hasta él y se
arrodilló a su lado vio su rostro y quiso acariciarla pero no tenía fuerzas
suficientes para hacerlo. Se limito a sonreírla mientras ella curaba sus
heridas.
-
Te encontré, mi amor – susurró él
Ella se detuvo y le miró con
frialdad. Amîr nunca había visto una mirada tan gélida en los ojos de Hagné y
temió que algo más hubiera cambiado en ella.
-
Hagné…
Pero Hagné siguió concentrada en limpiar
y cubrir la herida con indiferencia y una vez hubo terminado se alejó sin más.
Amîr no podía creerlo ¿Tan rápido se había olvidado de él? ¿Había sido todo un
juego para ella?. La observó mientras se alejaba con un sentimiento amargo. Sumido
en sus pensamientos, se fue adormeciendo ligeramente. Estaba muy cansado y se sentía
débil.
Había perdido completamente la noción
del tiempo, pasaba más tiempo dormido que despierto. Intentaba mantenerse despierto
para verla a ella, pero Hagné permanecía distante. Entonces se dormía y soñaba con
ella, pero los sueños se tornaban siempre pesadillas y despertaba empapado en sudor
frío.
Así pasó dos días, en algún momento
entre sueño y sueño volvió a sentir que se movían. Escuchaba las voces a su alrededor,
pero no tenía fuerzas ni ganas para prestarlas atención. Cuando volvieron a detenerse
reconoció una voz de mujer, la voz de Hagné susurrar.
-
Deberíamos abandonarlo, es un lastre para nosotros.
Le costó comprender el duro significado
de las palabras de Hagné pero hizo un esfuerzo por seguir escuchando.
-
No podemos abandonarlo. Has visto cómo lucha, lo
necesitamos – respondió la voz de Tâleb
-
No nos sirve para nada en estas condiciones – contestó
ella tajante
-
Morirá. Si le abandonamos a su suerte morirá, y lo
sabes – replicó Tâleb.
-
Mírale – indicó ella – morirá de todos modos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario