El último comentario del soldado
hirió a Amîr que automáticamente pensó en su pobre Hagné pasando de hermano a
hermano. La mente de Amîr tendía a recrear gráficamente todos los detalles y en
apenas unos minutos por su imaginación pasaron imágenes del rey Evander
forzando a Hagné sobre una cama ricamente adornada, mientras ella gritaba,
después era Reuven quien penetraba con furia insaciable a la pequeña muchacha
que intentaba en vano librarse de él, y por último la veía sumisa y postrada
sobre una nueva cama con el joven Kristjan.
Aquella visión perturbadora fue
demasiado para Amîr quien decidió acabar con aquellos soldados en aquel mismo
instante, dispuesto a ensañarse con sus cadáveres para mandar una advertencia a
Evander. Estaba planeando y perfeccionado su ataque cuando la conversación de
los soldados le dejó helado.
-
Deberíamos matarles – proclamó Trifón cambiando
radicalmente el tono relajado de la conversación.
-
Lo haremos – respondió el tercero – para eso
estamos aquí, Trifón
-
Sí, lo sé, pero yo me refería a que deberíamos
matarles esta noche – contestó Trifón arrebatando el licor a su compañero y
dando un largo trago.
Los soldados permanecieron un
rato en silencio mirando al fuego, y Amîr, con el corazón latiendo con fuerza
en su pecho les observaba perplejo. No daba crédito a lo que estaba oyendo,
eran desertores y tenían un enemigo y un objetivo común, acabar con la familia
real y ver correr su sangre.
Por primera vez en mucho tiempo
Amîr Haim no sabía qué hacer, aquellos hombres parecían querer lo mismo que él,
pero eran soldados del rey, tal vez solo estuvieran borrachos y en el fondo
fueran fieles servidores de Evander, Kristjan y Reuven y si era así y le veían
aparecer, sin duda lo matarían. Decidió observarles un poco más e intentar
averiguar qué era lo que tramaban en realidad.
Tras el largo silencio, el tercer
soldado volvió a hablar
-
Estamos a varios días de camino de Maoraz, amigo
– aunque estuviéramos listos para darles muerte, nunca conseguiríamos llegar allí
esta noche.
-
¡Maldita sea! – exclamó el rechoncho soldado lanzando
el recipiente de licor vacío a las llamas y secándose la espesa barba – Estamos
preparados, Tâleb, estamos más que preparados.
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