Trifón clavó sus ojos en Amîr y
preguntó
-
¿Contento? – no esperó una respuesta, dio media
vuelta y se alejó tambaleándose, ebrio.
Amîr contempló la escena, no
esperaba las palabras de Trifón. Los tres hombres que quedaban junto a él en la
hoguera parecían hundidos, sus miradas estaban perdidas y sus mentes vagaban
sin duda alguna por recuerdos dolorosos.
-
Hay cosas de las que es mejor no hablar, chico –
añadió Trifón desde la entrada de una de las tiendas de campaña. Dicho esto
entró en ella dejando tras de sí un silencio incómodo y una tensión que podría
ser cortada a espada.
Amîr evaluó lo que acababa de
oír, las historias de los demás le recordaban a la suya propia, que hasta ese
momento había considerado única y desgarradora. Le hubiera gustado compartir su
historia con el resto, pero pensaba que en aquella situación, hablar de ello no
haría más que provocar mayores sufrimientos.
Miraba hacia la tienda en la que
había entrado Trifón, se preguntaba qué habría querido decir con aquello de que
en otra vida fue soldado. Era sin duda un hombrecillo peculiar, su aspecto no
hacía pensar en él como en un soldado, pero era de espada fácil, lo había
comprobado minutos antes, si no hubiera sido por la intervención de la mujer
guerrero, habría probado el acero de aquel hombre rechoncho en sus propias
carnes.
El siguiente en marcharse fue
Tâleb. Se puso en pie sin mirar a nadie, vació el contenido de su botella en la
hoguera, que chisporroteo furiosa y se encaminó lentamente a otra tienda, junto
a la de Trifón. Le siguió Euva, con los ojos llorosos se despidió con un tímido
“A más ver” y se alejó de la hoguera murmurando.
Amîr observó a Zoilo que
fulminaba el fuego con la mirada. Parecía sumido en profundo pensamiento. Decidió
romper el hielo
-
¿Te encuentras bien? – preguntó en un intento de
entablar conversación. Era obvio que no estaba bien. Pero permaneció impasible,
como si estuviera tan lejos de allí que ni siquiera pudiera oírle.
Amîr se levantó y se acercó a él,
repitió la pregunta mientras le tocaba el hombro.
-
Oye, ¿Te encuentras bien? – insistió
zarandeándole lentamente.
Zoilo se liberó de la mano de
Amîr rápidamente, sacó un puñal y se abalanzó contra Amîr golpeándolo contra el
suelo y colocando el filo del arma en su cuello
-
¿Quién eres tú? – siseó Zoilo
Amîr escrutó su mirada, la locura
se asomaba a los ojos de Zoilo, estaban llenos de rencor y odio.
-
Soy Amîr Haim – respondió con un hilo de voz
Zoilo apretó el puñal cortando levemente
la piel del cuello de Amîr
-
No, no te conozco – susurró Zoilo furioso
Amîr podría librarse del ataque de
Zoilo con relativa facilidad, pero por alguna razón aquel hombre le daba pena.
-
Soy Amîr Haim – repitió – el… el hombre lobo
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