Trifón, con un brillo siniestro
en la mirada atacó con furia a uno de los hombres al que la bravura y ferocidad
del anciano le pillaron por sorpresa. Ambos cayeron al suelo con un ruido
estrepitoso provocado por las armaduras. El soldado se levantó con agilidad
preparándose para atacar a Trifón mientras este aún estaba en el suelo. Este al
descubrirse vulnerable frente al soldado paró el golpe de la espada con un
rápido esquive y le propinó un violento y fuerte golpe en la rodilla derecha
que fue seguida de un alarido de dolor y de la caída del hombre al suelo.
Mientras tanto Zoilo el loco parecía poseído, parecía disfrutar hiriendo de
levedad a su oponente en numerosas ocasiones, se reía nerviosamente cada vez
que conseguía cortar la piel del soldado que parecía terriblemente asustado por
la actitud de Zoilo. No había rastro de su habitual mirada triste, estaba
exultante. En un momento de distracción el soldado intentó huir y Zoilo lo
persiguió hasta darle alcance unos metros más allá. Esta vez la lucha fue sin
espada, el soldado ensangrentado gritaba en el suelo, intentando en vano
cubrirse de los tremendos puñetazos que le propinaba Zoilo.
Por su parte, Amîr entabló
combate singular con el más alto de los soldados, la pelea comenzó como una
especie de danza, un ritual, ambos hombres caminaban en círculos con las
rodillas flexionadas y las espadas dispuestas para el ataque.
-
Eres un sucio salvaje ¡Ríndete! – se aventuró a
decir el soldado
-
Tú eres el esclavo de un rey – contestó Amîr con
soberbia – tú ya te has rendido
El hombre abrió los ojos y tensó
las mandíbulas sintiéndose terriblemente ofendido por el comentario de Amîr y
corrió hacia él con la espada levantada sujeta con ambas manos. Amîr paró el
golpe con una finta y lo apartó de un empujón. El soldado volvió a atacarle
lanzando un ataque de fondo que Amîr sorteó con un salto hacia atrás. Amîr
estaba a punto de intentar una estocada cuando oyó un grito asustado de una voz
familiar. Giró la cabeza a tiempo para ver cómo uno de los soldados tenía a
Euva acorralado y estaba a punto de clavarle la espada. Amîr corrió hacia él lo
más rápido que pudo seguido de su rival y se abalanzó sobre el hombre que
amenazaba la vida de Euva. Cayó sobre él con todo el peso de su cuerpo
dejándolo inconsciente, Euva se levantó y salió corriendo y llorando como un
chiquillo asustado.
Amîr se levantó entonces justo
para sentir como el frío acero de su primer rival se incrustaba en la parte
trasera de su hombro haciendo brotar la cálida sangre. Un latigazo de dolor
recorrió la espalda de Amîr. Se echó hacia adelante para liberarse de la espada
y rodó en el suelo, el dolor era tan intenso que apenas podía mover el brazo
izquierdo. Se quedó entonces unos instantes tumbado en el suelo, se sentía
mareado y débil, el soldado, con una expresión triunfal se acercó a él con
desprecio.
-
Te dije que te rindieras, salvaje.
-
Antes muerto – escupió Amîr tratando de reunir
fuerzas para un último ataque.
-
Como quieras – dijo el soldado sonriendo.
Levantó la espada con ambas manos
sobre la cabeza y le dedicó una última mirada a Amîr Haim.
-
¿Unas últimas palabras antes de morir, escoria?
– preguntó
-
Sí – susurró Amîr aún tendido en el suelo y
buscando a tientas su espada
-
Adelante – invitó el verdugo inclinándose sobre
Amîr había encontrado por fin su espada,
se incorporó con sorprendente rapidez y atravesó el cuerpo del soldado por el estómago
mientras este le dedicaba una incomprensible mirada mientras la sangre se agolpaba
en su garganta. El soldado muerto cayó sobre Amîr. Este no tenía fuerzas suficientes
para apartarlo aunque sentía la empuñadura de su propia espada clavada en las costillas,
escuchaba a sus compañeros pelear como si estuvieran demasiado lejos, entonces todo
empezó a hacerse borroso y perdió el conocimiento.
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