jueves, 20 de septiembre de 2012

Capítulo Vigesimocuarto

El soldado enfureció y cargó contra Tâleb, quien esquivó ágilmente la embestida del soldado a la vez que le hería en un costado. Era uno de los movimientos que Ilora les había enseñado aquella misma mañana y Amîr observó cómo su compañero la ponía en práctica, mientras se disponía para defenderse de otro soldado.

Trifón, con un brillo siniestro en la mirada atacó con furia a uno de los hombres al que la bravura y ferocidad del anciano le pillaron por sorpresa. Ambos cayeron al suelo con un ruido estrepitoso provocado por las armaduras. El soldado se levantó con agilidad preparándose para atacar a Trifón mientras este aún estaba en el suelo. Este al descubrirse vulnerable frente al soldado paró el golpe de la espada con un rápido esquive y le propinó un violento y fuerte golpe en la rodilla derecha que fue seguida de un alarido de dolor y de la caída del hombre al suelo. Mientras tanto Zoilo el loco parecía poseído, parecía disfrutar hiriendo de levedad a su oponente en numerosas ocasiones, se reía nerviosamente cada vez que conseguía cortar la piel del soldado que parecía terriblemente asustado por la actitud de Zoilo. No había rastro de su habitual mirada triste, estaba exultante. En un momento de distracción el soldado intentó huir y Zoilo lo persiguió hasta darle alcance unos metros más allá. Esta vez la lucha fue sin espada, el soldado ensangrentado gritaba en el suelo, intentando en vano cubrirse de los tremendos puñetazos que le propinaba Zoilo.

Por su parte, Amîr entabló combate singular con el más alto de los soldados, la pelea comenzó como una especie de danza, un ritual, ambos hombres caminaban en círculos con las rodillas flexionadas y las espadas dispuestas para el ataque.

-          Eres un sucio salvaje ¡Ríndete! – se aventuró a decir el soldado

-          Tú eres el esclavo de un rey – contestó Amîr con soberbia – tú ya te has rendido

El hombre abrió los ojos y tensó las mandíbulas sintiéndose terriblemente ofendido por el comentario de Amîr y corrió hacia él con la espada levantada sujeta con ambas manos. Amîr paró el golpe con una finta y lo apartó de un empujón. El soldado volvió a atacarle lanzando un ataque de fondo que Amîr sorteó con un salto hacia atrás. Amîr estaba a punto de intentar una estocada cuando oyó un grito asustado de una voz familiar. Giró la cabeza a tiempo para ver cómo uno de los soldados tenía a Euva acorralado y estaba a punto de clavarle la espada. Amîr corrió hacia él lo más rápido que pudo seguido de su rival y se abalanzó sobre el hombre que amenazaba la vida de Euva. Cayó sobre él con todo el peso de su cuerpo dejándolo inconsciente, Euva se levantó y salió corriendo y llorando como un chiquillo asustado.

Amîr se levantó entonces justo para sentir como el frío acero de su primer rival se incrustaba en la parte trasera de su hombro haciendo brotar la cálida sangre. Un latigazo de dolor recorrió la espalda de Amîr. Se echó hacia adelante para liberarse de la espada y rodó en el suelo, el dolor era tan intenso que apenas podía mover el brazo izquierdo. Se quedó entonces unos instantes tumbado en el suelo, se sentía mareado y débil, el soldado, con una expresión triunfal se acercó a él con desprecio.

-          Te dije que te rindieras, salvaje.

-          Antes muerto – escupió Amîr tratando de reunir fuerzas para un último ataque.

-          Como quieras – dijo el soldado sonriendo.

Levantó la espada con ambas manos sobre la cabeza y le dedicó una última mirada a Amîr Haim.

-          ¿Unas últimas palabras antes de morir, escoria? – preguntó

-          Sí – susurró Amîr aún tendido en el suelo y buscando a tientas su espada

-          Adelante – invitó el verdugo inclinándose sobre

Amîr había encontrado por fin su espada, se incorporó con sorprendente rapidez y atravesó el cuerpo del soldado por el estómago mientras este le dedicaba una incomprensible mirada mientras la sangre se agolpaba en su garganta. El soldado muerto cayó sobre Amîr. Este no tenía fuerzas suficientes para apartarlo aunque sentía la empuñadura de su propia espada clavada en las costillas, escuchaba a sus compañeros pelear como si estuvieran demasiado lejos, entonces todo empezó a hacerse borroso y perdió el conocimiento.



No hay comentarios:

Publicar un comentario